Las redes sociales en el trabajo con jóvenes



Somos muchos los educadores y educadoras sociales que trabajamos con jóvenes y es conocido por todos el tiempo que este colectivo pasa en las redes sociales. En casa, a través de sus propios ordenadores. Fuera de ella, en bibliotecas, centros juveniles y otros lugares que aportan conexiones de red. En locutorios y cibers. Mediante sus móviles...

Nosotros tenemos una herramienta a nuestro alcance y debemos saber aprovecharla. No sólo se trata de educar en el uso responsable de las redes sociales, sino de usarlo como recurso en nuestro trabajo. Está al alcance y de manera gratuita tanto para quienes trabajan en la administración como para las entidades privadas.

Aquellos que se mueven en el entorno de la dinamización juvenil tienen ante sí un potencial enorme para la difusión de sus actividades. Facebook o tuenti, quizá las redes más utilizadas por los jóvenes españoles, disponen de eventos que podemos crear y hacer llegar a nuestros usuarios. Lo mismo ocurre con quienes se dediquen a la información entre jóvenes.

Disponer de un perfil en las redes es casi una obligación para las asociaciones, concejalías de juventud y otras entidades que trabajan con este colectivo. Uno de los mayores problemas que nos podemos encontrar es la predisposición negativa de los trabajadores de un determinado servicio o del responsable del mismo hacia estas herramientas y el no reconocimiento de su utilidad. Otro handicap al que nos podemos enfrentar es su manejo, que puede ser desconocido para muchos trabajadores.

Formarnos y actualizarnos en este campo y utilizar de manera coorecta las TICs es muy importante para los educadores, tanto quienes trabajan en educación formal como quienes estamos en la educación informal. Por suerte cada vez son más los que se hacen conscientes de su enorme potencial, porque si queremos llegar a los jóvenes debemos estar donde están los jóvenes.






Acabé educación social, ¿y ahora qué?



Por suerte, este trago ya lo pasé hace años, y es que es una decisión bastante complicada. Creo que este dilema lo hemos tenido muchos educadores y educadoras sociales cuando terminamos la carrera. Después de tres años en la universidad, ahora cuatro con los nuevos grados, y ya con tu titulación debajo del brazo te enfrentas a un futuro en el que no sabes que hacer.

Hablas con compañeros y compañeras, buscáis opciones, comparáis, debatís... Y al final cada uno sigue su historia. Hay quienes toman un nuevo camino juntos, otros lo hacen por su cuenta. Las posibilidades son variadas.

Una de esas opciones es la de buscar trabajo. Tal y como está la situación es difícil. Si a las precarias posibilidades del colectivo unimos la crisis y los recortes la cosa se complica. Has acabado la carrera y quieres trabajar de lo tuyo, recorres empresas y entidades de tu ciudad y de alrededores. Buscas en las ofertas de eduso, en bolsas de trabajo online y repartes curriculos por todos los sitios donde se te ocurre. La mayoría de ofertas piden expriencia o especializaciones.

Otra opción es la de seguir formándote. Esta decisión la puedes tomar desde el principio o tras la desesperación de no encontrar trabajo. Las posibilidades son múltiples: otra carrera, uno de los miles de master y postgrados que ofertan las universidades, alguno de los cursos presenciales u online, etc. Es una opción muy común que puedes hacer al terminar o después, pero es evidente que todos seguimos formándonos tras los años porque es algo necesario. Ahora que es época de comienzo de curso muchos somos los que nos proponemos tomar parte en alguna acción formativa.

Tanto para formarse como para trabajar, unos cuantos compañeros y compañeras de facultad, han tomado además la determinación de cambiar de ciudad, e incluso de región para movilizarse a otros lugares donde la oferta educativa y laboral es más amplia.

Imagen tomada de adigitaldreamer.com

Lucrarse a costa de colectivos desfavorecidos



Leí un artículo en El País, Lucro a costa de un colectivo en desventaja, que me llamó fuertemente la atención por ver hasta donde pueden llegar las personas para aprovecharse y obtener dinero.

El texto relata la historia de una empresa, centro especial de empleo, que contrataba a personas con discapacidad para conseguir subvenciones públicas. Una vez obtenidas éstas despedía a los trabajadores con la disculpa de no haber superado el periodo de prueba y además no les pagaba el trabajo realizado. El sindicato Comisiones Obreras cifra el número de afectados en unos 200.

Y la pregunta que surge es, ¿ por qué ocurre esto? Una medida positiva y que fomente el empleo entre colectivos desfavorecidos debe llevarse a cabo con un riguroso control desde las administraciones públicas que ofrecen esta subvención.

Si, como afirman, son 200 los trabajadores afectados, ¿cómo es que la Consejería correspondiente no ha dado con este fraude antes? Según publica el diario ABC desde abril de este año la Junta era consciente de la situación irregular de la empresa.

Además de la dejación de las administraciones, otro tema que me preocupa respecto a esto es la  crítica que se puede producir entre la opinión pública sobre este tipo de centros y subvenciones. No debemos olvidar que hay muchísimos centros especiales de empleo que realizan un magnífico trabajo de integración con diferentes colectivos y que gracias a ellos, personas que de otra manera no hubieran accedido al mercado laboral se encuentran ahora trabajando.

Imagen tomada de adigitaldreamer.com